
Hay competencias que se miden en segundos, y otras que se miden en la templanza del alma. El pasado fin de semana, el Team Calama demostró que el verdadero motor de un equipo no solo es la cilindrada de sus máquinas, sino la pasión y la unión de su gente. Compuesto por una imponente delegación de 23 integrantes, el equipo lo dio todo en las complejas e implacables dunas de Copiapó durante la versión número 25 del mítico Desafío del Desierto, una de las carreras de rally off-road más exigentes del país.
La travesía comenzó mucho antes del banderazo inicial. Desde febrero, el campamento base del equipo se trasladó a múltiples reuniones de camaradería en Calama. Allí, a punta de esfuerzo propio, cuotas y autogestión, los pilotos y sus familias financiaron el hospedaje, los traslados y diseñaron la indumentaria oficial: poleras y chaquetas de rally que llevaron con orgullo el nombre de su ciudad.
El jueves 25 de junio, el reloj marcaba las 5:00 de la mañana cuando la caravana calameña encendió motores rumbo a Atacama. El objetivo: llegar a tiempo a las revisiones técnicas previas a la largada oficial del viernes 26. Lo que venía por delante era una verdadera prueba de fuego.
La competencia exigió el máximo de la resistencia física y mental del equipo a lo largo de tres extenuantes jornadas que sumaron un total de 630 kilómetros de pura adrenalina: Día 1: Un bautismo de fuego con 100 km de enlace y 80 km de especial (200 km totales); Día 2: La etapa reina y más larga, sumando un desgastante recorrido de 310 km totales; Día 3: El último esfuerzo para sellar la hazaña, enfrentando 110 km de especial en un total de 120 km de ruta.
En la categoría de dos ruedas, los pilotos de motos Daniel Marín, Luis González, William Paz, Jaime Pérez, David López, Cristian Vega y Juan Caroca desafiaron el polvo y la velocidad extrema. Por su parte, en la categoría UTV, la dupla compuesta por Enzo Carvajal y César Cortés demostró una navegación impecable en el mar de arena.
Detrás de cada acelerada, hubo un ejército invisible pero vital. El gigantesco equipo de apoyo técnico —conformado por Bredy Candia, Juan Araya, Iván Bugueño (padre), Ivan Bugueño (hijo), Benjamín Carvajal, Luis Sandoval, Gabriel Correa, Carolina Valenzuela, Francisco Ibacache, Carlos Ponce, Víctor Mamani, Jonathan Muñoz, Hernán Bugueño y Virgilio Asprilla— trabajó día y noche, sin descanso, para mantener vivas las máquinas y asegurar que cada piloto volviera a salvo al campamento.
Aunque en esta oportunidad el podio fue esquivo debido al altísimo nivel de una competencia donde los grandes equipos cuentan con el respaldo de marcas multinacionales e instituciones locales, el Team Calama se ganó el premio más importante: el respeto de todo el circuito. El esfuerzo de este equipo es 100% a pulmón e individual, lo que engrandece aún más su
El Team Calama no habrá traído una copa de metal, pero se coronó como el grupo más numeroso, ruidoso y solidario de la competencia. El apoyo incondicional que mostraron a todos los pilotos en cada llegada contagió de alegría el desierto atacameño. Hoy, regresan a casa con el corazón repleto de orgullo y la frente muy en alto.
Esto es solo el comienzo. Con el polvo de la ruta aún en el traje, el Team Calama ya se encuentra trabajando para las próximas fechas locales en la región norte. La meta está clara: seguir sumando kilómetros, buscar el apoyo de la comunidad e instituciones que permitan equiparar la cancha económica, y regresar el próximo año al Desafío del Desierto para reclamar, con el rugir de sus motores, los lugares de relevancia en el podio que por derecho y garra les corresponden.




